El proyecto propone un edificio singular de forma prismática, de 20 x 25 m en planta, parcialmente semienterrado en la pendiente natural de la parcela. La utilización de materiales propios de la zona, como ladrillo y hormigón visto, junto con una cubierta ajardinada, refuerzan su integración en el paisaje.
La implantación de la bodega complementa la producción vinícola desarrollada actualmente en una finca de 89.932 m², ocupando únicamente 500 m² de la misma. Viñedos y masas de árboles dispersas acompañan la ligera declinación del terreno hacia el sur, revelando la presencia del edificio, mientras una vereda que nace del camino de los Rincones conduce al visitante hacia este nuevo espacio.